¡Definitivamente!
Desde que nacemos, proyectamos al pasado y al futuro (¿“y si…”?). Nuestro cerebro está evolutivamente diseñado para funcionar de esa manera.
Somos muy malos en movernos dentro de la incertidumbre. Podemos movernos en probabilidades, porque aparentemente nos da una sensación de certidumbre, si el resultado es poco probable lo opuesto nos da certidumbre, y al revés.
Tal que si uno es joven probablemente tenga más tiempo de vida que una persona con 90 años.
Las probabilidades no implican realización. Entonces ahí está la fragilidad de las proyecciones futuras, porque presuponen un escenario que es probable que se cumpla. Pero… ¿Y si no?
Cuando empecé a descubrir los nuevos mantras de la inversión tipo “indéxate con DCA”, “cero dividendos, solo 4% en el retiro” me parecieron muy potentes, porque mis conocimientos en este mundo eran relativamente elementales. Por ello, a priori tenían sentido en mi estructura de conocimientos y comprensión. Pero solo en el escenario previsible, el de una década prodigiosa que parece extenderse y que ha condicionado nuestro cerebro para pensar en un futuro similar, con retornos anualizados buenos sin pasar baches gordos o una década lateral o bajista.
Mirar el track récord del S&P500 nos da certidumbre porque es probable que acabe recuperando. Y la cuestión no es esa, sino que la pregunta antifrágil es: ¿qué voy a hacer yo o cómo voy a reaccionar, cuando esté cinco o diez años lateral o bajista, y por ejemplo tenga que aplicar el 4% para complementar mi pension?
Intentar protegerse de la incertidumbre para ser antifrágil. Damos por sentado que a LP un indexado dará más TR, y puede parecer que un ETF JEQP/JEPI con covered calls (CC) sea cargarnos el retorno a cambio de cash con yield alto. Pero no todo es el TR. El papel lo aguanta todo, cuando ese indexado alcance 1 M€, y el mercado baje un 20% como ha ocurrido no hace tanto, el cerebro entenderá “he perdido 200k, un piso, no son 20 € cuando microtradeaba en Revolut”. A medida que el patrimonio se hace grande, respecto al baremo de lo que cada uno considere “hacerse grande”, la importancia de la antifragilidad es mayor, independientemente del tiempo de vida que nos quede.
La ventaja antifragil de un ETF con CCs, y en general de los dividendos frente a los indexados, es que permite asignar capital de manera psicológicamente más eficiente, y con una operativa y ruido mental mucho más reducido que la decisión de vender porciones de un principal como ocurre en un indexado. Se puede decidir: mira, compro un indexado con los divis. O mira no, lo reinvierto en otra cosa. O me lo gasto. La asignación táctica de ese cash, es una gran flexibilidad y puede contribuir de manera decisiva al interés compuesto. Hay dos situaciones:
1- Me olvido del CC y le meto directo al indexado. Frágil, si el mercado indexado cae y coincide que se cortan o reducen tus ingresos, no vas a poder aportar al indexado y comprar barato.
2- Acumulo en ETFs de CC con mis ingresos laborales, para generar un 5-7% en cash anual. Y ese cash va a alimentar un motor indexado que segun el pasado puede crecer sin problema un 10% anualizado. Si mis ingresos por trabajo-negocio se reducen, el tiempo que dure esa situación voy a tener al menos el cash del ETF para el indexado. La máquina es más antifragil.
“Pero vas a destruir patrimonio, o ¡el TR no va a ser tan elevado en el futuro!”
Nadie lo sabe en realidad. Igual el futuro se acaba en un año, aqui estamos de paseo chicos.
Pero si se acaba prefiero tener ya construido un edificio/arquitectura lo más antifrágil posible en la medida de mis conocimientos y con los recursos en la época que me toca vivir, para que el dinero trabaje para los descendientes. Y si se acaba con 100 años, pues seguramente la relación riesgo/beneficio haya compensado aunque el TR no haya sido tan alto. Pero… ¿con 100 años, será tan relevante para los hijos que el patrimonio sea de 4 M€ en vez de 6 M€? ¿Y si finalmente acaba siendo de 3 M€ por intentar ser avaricioso y buscar el máximo retorno total?
Como dice Morgan Housel: una de las habilidades financieras más difíciles es decidir cuándo “tener suficiente”, lo que implica conformarse para evitar la trampa de la comparación social y la codicia, y así proteger tu bienestar, entendiendo que “suficiente” es lo necesario para no caer en la ruina, no significa ser mediocre, sino disfrutar de lo que tienes sin buscar más que el vecino o el rico, encontrando la independencia financiera y la paz mental

